El primer cuadro de la capital se vistió de expectación y tensión este domingo, cuando cientos de pequeños y medianos comercios decidieron bajar sus cortinas antes del mediodía, anticipando el caos que traería consigo la llegada masiva de seguidores. Para las dos de la tarde, la mayoría de los negocios ya habían cerrado sus puertas, …
Centro Histórico en riesgo: comercios alertan por desplome en ventas ante eventos masivos

El primer cuadro de la capital se vistió de expectación y tensión este domingo, cuando cientos de pequeños y medianos comercios decidieron bajar sus cortinas antes del mediodía, anticipando el caos que traería consigo la llegada masiva de seguidores. Para las dos de la tarde, la mayoría de los negocios ya habían cerrado sus puertas, dejando calles enteras en un silencio inusual para un fin de semana. Las joyerías de la zona de los Arcos, en la Plaza de la Constitución —uno de los corredores comerciales más emblemáticos de la ciudad—, ni siquiera abrieron, algo que no se veía desde hace años.
Los locatarios, muchos de ellos con décadas al frente de sus negocios, enfrentan ahora un golpe económico del que les costará recuperarse. No se trata solo de las ventas perdidas en un día, sino de los gastos fijos que siguen corriendo: nóminas de empleados, servicios como el agua potable, el impuesto predial y, en muchos casos, rentas que no perdonan. “Es un día entero sin ingresos, pero con los mismos costos”, comentó uno de los comerciantes, quien prefirió mantenerse en el anonimato. “Si esto se repite, no sé cómo vamos a salir adelante”.
Mientras tanto, la tensión en las calles iba en aumento. Cerca del Palacio de Bellas Artes, un grupo de comerciantes intentó retirarse del lugar ante el temor de que la concentración de personas derivara en incidentes. Aunque no hubo enfrentamientos graves, el ambiente se percibía cargado, con miradas de desconfianza entre los vendedores ambulantes y los visitantes que comenzaban a llegar en oleadas. Los elementos de Tránsito, desplegados en puntos clave, intentaban mantener el orden, pero la tarea no era sencilla: las aceras se saturaban, los vehículos avanzaban a paso de tortuga y los gritos de emoción se mezclaban con los reclamos de quienes veían obstaculizado su paso.
La seguridad, sin duda, fue la prioridad. Autoridades locales reforzaron la vigilancia en las inmediaciones de los sitios más concurridos, aunque algunos asistentes denunciaron que la presencia policial no era suficiente. “Hay demasiada gente y muy pocos agentes”, señaló una joven que esperaba en la fila para ingresar a uno de los eventos. “Si pasa algo, no sé cómo van a reaccionar”. A pesar de los esfuerzos, el riesgo de aglomeraciones peligrosas o incluso de altercados seguía latente, especialmente en zonas donde el espacio público ya era limitado.
Para los comerciantes, el día terminó con un sabor agridulce. Aunque algunos lograron vender algo antes del cierre, la mayoría regresó a casa con las manos vacías y la incertidumbre de cuándo podrán recuperar lo perdido. “Esto no es solo un mal día”, advirtió otro dueño de negocio. “Es un aviso de lo que viene si no se toman medidas. No podemos seguir así”. Mientras la ciudad se prepara para los próximos eventos, la pregunta que queda en el aire es si habrá un plan que equilibre la pasión de los fans con la supervivencia de quienes dependen de la actividad comercial diaria.






